Historia
El Clericó, una bebida refrescante y colorida, nació en el norte de Italia, específicamente en Veneto, donde se conocía como 'Sangria' o 'Punch all'Italiana'. ¿Qué hubiera pasado si no se hubiera extendido por Europa? Con el tiempo, esta receta llegó a América del Sur, y en la Argentina se adaptó y se convirtió en un clásico de la gastronomía local. La migración italiana en el siglo XIX llevó consigo esta tradición, que se fusionó con las costumbres y preferencias locales.
Ingredientes
- 1 litro de vino tinto (250 g de uva Malbec o similar)
- 500 g de frutas variadas (naranjas, manzanas, peras, uvas)
- 200 g de azúcar
- 1 litro de soda o gaseosa
- Hielo
- Rodajas de fruta para decorar
Preparación
Corta las frutas en rodajas y trozos pequeños. En un bol grande, mezcla el vino tinto, el azúcar y las frutas cortadas. Deja macerar la mezcla durante al menos 2 horas en el refrigerador. Agrega la soda o gaseosa y revuelve suavemente. ¿Te imaginas un Clericó sin ese toque de soda? Sirve el Clericó en vasos altos con hielo y decora con rodajas de fruta.
En la región del NOA, es común agregar un toque de jugo de naranja y un poco de canela en polvo al Clericó. En el Litoral, se prefiere una versión más dulce, con más azúcar y un toque de jugo de frutas tropicales como el mango o la piña. En algunas partes del país, se puede encontrar una variante del Clericó con vodka o ron, aunque esta no es la versión tradicional. El momento clave fue cuando la receta se fusionó con las costumbres y preferencias locales, convirtiéndose en un clásico de la gastronomía argentina.












