El pão de queijo, ese manjar brasileño, nació a principios del siglo XX en Minas Gerais. La mezcla de fécula de mandioca con queso local dio como resultado un snack nutritivo y fácil de llevar.
Se convirtió rápidamente en un emblema nacional. ¿Qué pasaría si lo probás con un café?
La clave está en hornearlos a alta temperatura, para que inflen y queden doraditos, así lograrás la textura característica, siempre y cuando la masa quede bien homogénea.
Una variante popular incluye agregar hierbas finas o trocitos de jamón, dándole un giro interesante al clásico pão de queijo, y si no encontrás el queso Minas, podés usar una mezcla de mozzarella y parmesano, te dará un resultado similar. La forma redonda y aroma a queso fundido lo hacen inconfundible, el sabor es una combinación de corteza ligera y crujiente con interior suave, casi aireado, y un toque pronunciado de queso.