La Caipirinha nació a principios del siglo XX en las zonas rurales de Brasil.
Se mezclaba cachaça, aguardiente de caña, con lima y azúcar para aliviar el calor y el trabajo del campo.
¿Y eso qué tiene de especial?
Tenés que ver la combinación de sabores: lo dulce del azúcar, lo ácido y aromático de la lima, y el carácter robusto de la cachaça, que se bebe bien fría.
Ideal para acompañar una parrillada o simplemente para refrescarse en una tarde calurosa.
Un consejo: siempre usá lima fresca y macerá bien la pulpa para extraer todo su jugo.
El azúcar debe disolverse antes de añadir el alcohol.
Si querés probar algo diferente, podés agregar una ramita de hierbabuena o una pizca de azúcar morena.
Así se hace una Caipirinha como la de Brasil: sencillo, potente y siempre con la vibra de la samba.
La receta clásica nunca pierde su esencia.
Se comparte en fiestas, en la playa y en cualquier reunión al aire libre, representando la alegría y la informalidad brasileña.
Su sencillez y su sabor auténtico lo convierten en un emblema de la cultura nacional.








