Historia
¿Quién no ha cebado un mate alguna vez? La costumbre, profunda, se hunde en las raíces guaraníes, mucho antes de que la presencia española modificara el panorama. Me pregunto, ¿qué sería de nuestra identidad si la práctica no se hubiera expandido por todo el continente? La palabra "mate" viene del quechua "mati", simple y directo: la calabaza que usamos para beber. La cebadura, como decís vos, se fue transmitiendo con las migraciones, con los intercambios culturales… Pero, sin duda, el siglo XVII y la intervención jesuítica marcan un antes y un después. Usarlo para evangelizar, pensándolo bien, es una estrategia bastante peculiar, ¿no les parece?
Ingredientes
Si querés armar un buen mate, necesitás lo siguiente: una calabaza (el mate propiamente dicho), de unos 100 gramos, una bombilla —esa caña con filtro de unos 20 gramos—, más o menos 50 gramos de yerba mate, agua bien caliente, alrededor de 500 ml, y, si te va, un pellizquito de azúcar, diez gramos alcanzan. ¡Y a ver qué sale!
Preparación
Empezá llenando el mate con yerba, hasta dos tercios más o menos. Un poco de azúcar, si te gusta dulce. Después, bañalo con agua bien caliente, pero sin llegar a tapar la yerba por completo. Meté la bombilla, asegurándote de que el filtro quede bien adentro. Agarrá el mate con la derecha, la bombilla con la izquierda y… a beber despacito, sin mover la bombilla, obvio. ¿Y cuando se te termina el agua? Repetí el proceso hasta que la yerba ya no suelte más sabor. La proporción de yerba, claro, varía un poco de un lugar a otro: en Uruguay, por ejemplo, le ponen más que en Argentina. En Paraguay, la cosa es diferente: se cocina, se hierve la yerba en agua durante varios minutos. En el norte, en el NOA, un toque de azúcar o miel es lo común, mientras que en el Litoral se prefiere amargo. Cada región, su propio mate, su propio sabor... Y un mundo de costumbres en torno a él.













