En los pueblos chicos, todo se sabe. Una discusión en la plaza, un secreto mal guardado, y al día siguiente ya es comidilla de todos. (Y no solo eso: te inventan detalles que ni siquiera pasaron). Ahí es cuando alguien suelta, con esa sabiduría popular que tanto nos define: "Che, pueblo chico infierno grande,".
¿Quién no vivió algo así? Una mirada de más, un comentario fuera de lugar, y ya estás en el centro del huracán. No importa si tenés razón o no: el escándalo se alimenta solo. Y lo peor: todos opinan, aunque no sepan ni la mitad.
Es esa mezcla de cercanía y asfixia lo que hace únicos a estos lugares. Donde todos se conocen, pero también donde todos juzgan. Y aunque a veces dan ganas de escapar, hay algo que te ata: esa misma humanidad, con sus luces y sus sombras, que nos hace tan argentinos.
Fuente
Proverbio argentino