Milonga de vieja, chamuyo del bueno, eso es lo que decís cuando alguien te cuenta un relato tan exagerado que ya no sabés dónde está la realidad. Imaginate que un amigo te jura que anoche se comió diez asados él solo. Ahí no podés evitar responder: "¡No boludo, es pura milonga de vieja!". (Y sí, todos tenemos ese amigo que siempre la exagera un poco... O mucho).
Es que la milonga de vieja es eso: un verso tan grande que ya no le creés ni una palabra. ¿Diez asados? ¡Ni en pedo! Pero bueno, también es parte de nuestro folclore, ¿no? Ese arte de contar historias con tanto color que la línea entre lo real y lo fantástico se borra. Y ahí está la magia: en esa duda que te queda, en esa sonrisa cómplice cuando decís: "Che, no me la contés tan larga".
Fuente
Expresión porteña