Historia
El pebete con jamón y queso, ¿quién no lo conoce? Es un clásico de la gastronomía argentina, sobre todo en la pampa. Y es que la historia de este bocado tiene sus raíces en la inmigración europea, principalmente italiana y española, que nos trajeron sus costumbres a la mesa. El pan, ese pan rosado alargado, no es exactamente como el francés, aunque se parezca; tiene una textura más suave, más esponjosa, que lo hace especial. ¿Por qué ese colorcito? Una pregunta que quizás nunca tenga respuesta, pero que no le quita encanto.
La combinación de jamón, queso y mayonesa, no inventamos nada, está en la cocina mediterránea. Y hablando de inventos… el sandwich, según cuentan, nació en el siglo XVIII con el Conde de Sandwich, buscando una forma de comer sin interrumpir sus partidas de cartas. Con el tiempo, la idea se fue adaptando por todo el mundo, y acá, en Argentina, el pebete encontró su lugar: en los bares, las cafeterías, como un snack rápido y rico, un refugio para el hambre que apremia. Ahí, quizás, está su verdadera magia.
Ingredientes
- 1 pebete (pan alargado rosado, unos 250 gramos)
- 100 gramos de jamón cocido, en láminas finitas
- 100 gramos de queso cremoso (tipo crema o philadelphia)
- 50 gramos de mayonesa
- Lechuga, tomate y pepino para decorar (opcional, pero le da un toque fresco)
Preparación
Cortá el pebete por la mitad, como si fuera una barca a punto de zarpar. Luego, una buena capa de mayonesa, sin timidez: ese sabor tiene que notarse. Encima, el queso cremoso, que abra un lecho suave y rico. Después, las láminas de jamón, cubriendo todo. Si te animás, lechuga, tomate y pepino en rodajas. ¡Un toque de color y frescura que nunca viene mal! Y para terminar, cerra’ el pan y a disfrutar. Servilo enseguida, que la textura y el sabor están en su punto justo.
Variantes
La verdad es que el pebete es como un lienzo en blanco, porque se puede jugar con los sabores. En el norte, por ejemplo, no es raro encontrar chorizo o morcilla. Le da un gusto más fuerte, más regional. En el Litoral, algunos le meten palmito o aceitunas verdes, influencias de Paraguay y Uruguay que se sienten en cada mordisco. Y en Cuyo, en vez de queso crema, se usa de cabra o provolone. ¿Qué agregaría yo? Quizás un toque de chimichurri, ¡para darle ese sabor argentino que tanto me gusta! En fin, el pebete se fue haciendo parte de nosotros, y sigue cambiando, evolucionando. Es, sin ninguna duda, un plato emblemático, con sus raíces en Europa pero con un corazón bien argentino. Un tesoro, vamos.






