Subte con olor a humedad
De qué va esta encuesta
Entrar a la Línea C a las seis de la tarde es un acto de fe. Entre Constitución y Retiro, el subte se convierte en una lata de sardinas donde los caños oxidados y la humedad de los túneles meten miedo (por no hablar de ese aire espeso que parece que lo respiraron mil personas antes). Arrancarse de ahí hasta el andén ya es un triunfo cotidiano para los que venimos bancando el tarifazo y las demoras de siempre en la Ciudad.
Unos ya no aguantan más la claustrofobia y prefieren fumarse dos horas de bondi cruzando el centro con tal de respirar un poco. Otros resignan toda dignidad, se meten al hacinamiento total y listo, con tal de llegar a casa un rato antes. ¿De qué lado estás? Arrancá a votar abajo y contame en el chat cómo hacés para sobrevivir a este delirio diario.