Les Luthiers: El genio del humor musical argentino
Les Luthiers son, sin duda, uno de los fenómenos culturales más singulares y queridos de la historia del humor argentino. Fundado en 1967 en Buenos Aires, el grupo combinó con maestría el virtuosismo musical, el ingenio absurdo y un humor inteligente, construyendo una obra única que trascendió fronteras y generaciones.
Orígenes y formación
El grupo nació como una idea de Gerardo Masana, músico, actor y compositor que soñaba con un espectáculo donde la música y el humor se fundieran. En 1967, junto a Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich, Jorge Maronna y Carlos Iraldi, comenzaron a experimentar con instrumentos hechos a mano, chistes con estructura de ensayo académico y parodias de la música clásica. El nombre Les Luthiers —en francés, "los lutieres" o constructores de instrumentos— era una broma elegante: no solo construían sus propios instrumentos, sino que los reinventaban con materiales cotidianos como bidones, mangueras o tubos de PVC.
Masana falleció en 1975, pero el grupo siguió adelante, manteniendo su espíritu y expandiendo su repertorio. Con el tiempo, integrantes como Carlos Núñez Cortés, Jorge Pérez, Carlos López Puccio y latermente Carlos “Pájaro” López (hijo de Puccio) se fueron incorporando, cada uno aportando su sello musical y cómico.
Obra y estilo
Lo que distingue a Les Luthiers no es solo el humor, sino su forma. Sus espectáculos tienen la estructura de un recital académico, donde un "conferencista" (habitualmente Mundstock) introduce piezas como si fueran hallazgos musicológicos. Pero enseguida, todo se desarma: una ópera sobre un partido de fútbol, un tango sobre un termotanque, una sonata para papel de baño.
Entre sus obras más icónicas están:
- El Tenorio: parodia de Don Juan que mezcla ópera, rock y humor negro.
- Mastropiero que nunca: tributo al (inventado) compositor italiano, con piezas como “Toccata y fuga de Ludovico y Totó”.
- Oedipus Punch: fusión de tragedia griega y boxeo.
- Pop, mop y rock
Sus canciones, como “Canción para tocar el timbre”, “La canción de la banca” o “Nocturno porteño”, son himnos culturales que la gente tararea sin siquiera saber de dónde salieron.
Legado cultural
Durante más de cinco décadas, Les Luthiers recorrieron Latinoamérica, España y Estados Unidos, convirtiéndose en embajadores inadvertidos de la cultura argentina. Su humor, aunque local en chistes y referencias, es universal por su inteligencia y precisión.
El grupo dejó una huella imborrable en el teatro musical argentino. Abrieron camino para otras propuestas de humor culto, como Las 25 de Ávila, Piazzolla en re mayor o El Supergrupo. Además, su rigor escénico y musical marcó un estándar: cada nota, cada pausa, cada gesto está calculado al milímetro.
En 2019, tras más de 50 años de carrera, anunciaron su retiro con la gira “Grandes Hits”, que congregó a más de 200.000 espectadores en Argentina y el exterior. Fue un cierre emotivo, con despedidas, ovaciones y hasta lágrimas en escena.
Anécdotas memorables
- El bidón contrabajo: Uno de sus instrumentos más famosos fue construido con un bidón de aceite, cuerdas de piano y un palo de escoba. Sonaba increíblemente bien y se usó durante años.
- El error que se quedó: En una función de El Tenorio, Rabinovich olvidó una letra. Improvisó una línea sobre “la memoria que falla”, y el público estalló en risas. La incluyeron en todas las funciones siguientes.
- Marcos Mundstock y el habla pausada: Su estilo oratorio, casi pedante, era parte del chiste. Pero detrás había horas de ensayo: cada énfasis, cada pausa, estaba escrita como una partitura.
- El homenaje a Piazzolla: En 1988, invitaron a Astor Piazzolla a un show. Este, al final, les dijo: “Ustedes son los verdaderos músicos del humor”.
Reconocimientos
Les Luthiers recibieron innumerables premios: Konex, Martín Fierro, ACE, y hasta un Doctorado Honoris Causa por la Universidad Nacional de General San Martín. En 2017, fueron declarados Personalidades Destacadas de la Cultura por la Legislatura porteña.
Pero quizás su mayor reconocimiento sea popular: sus discos se venden de segunda mano como reliquias, sus frases se repiten en reuniones familiares, y sus sketches se ven y revén en YouTube, donde nuevas generaciones descubren su genialidad.
Conclusión
Les Luthiers no fueron solo un grupo de humor. Fueron una escuela de creatividad, una demostración de que el buen gusto y la risa pueden ir de la mano. Con música de fondo y un destornillador en la mano, construyeron un universo propio, absurdo, culto y profundamente argentino.
Hoy, aunque ya no suban al escenario, su eco sigue resonando. Como bien dijo Mundstock en una despedida: “No es un adiós, es un hasta luego… quizás en otra dimensión”.








