Por Redacción ChatArgentina · 29/09/2026
El presidente Javier Milei atribuye la recesión a fallas en la medición estadística y al crecimiento de la economía informal, sin reconocer que su programa económico causó este desplome. En el frontispicio del Instituto Nacional de Estadísticas italiano, en Roma, una inscripción proclama que "Los números son el fundamento de la República". La frase sugiere que la política debería basarse en datos objetivos, una premisa que choca contra la realidad argentina, donde los guarismos se manipulan para sostener discursos de poder. Esa reinterpretación no nació ayer. Carlos Menem culpó al "efecto tequila" por la crisis de 1995 mientras prometía eliminar el desempleo; Fernando de la Rúa explicó la caída con la supuesta parsimonia de los ciudadanos y hasta con la cantidad de feriados; Mauricio Macri habló de "brotes verdes" y "cataratas de inversiones" que jamás aparecieron, mientras su ministro Nicolás Dujovne admitía una recesión sin llamarla crisis. Ninguno reconoció que sus propias medidas enfriaron la calle. Milei repite la receta pero va más lejos. En una charla con el editor global de la redacción, John Micklethwait, respondió preguntas picantes sin contradecirlas, dejando a la vista su lectura particular de los indicadores negativos. Días después, en LN+ con Luis Majul, soltó que los datos oficiales fallan porque la metodología quedó desactualizada tras sus reformas, comparándolos con un termómetro descompuesto. ¿Hasta dónde llega esa negación? El mandatario pivotó hacia la economía informal, describiéndola como un sector que vuela porque nadie quiere invertir a largo plazo por miedo al futuro. Con Majul sumó otra capa al relato al denunciar una conspiración política, interna e internacional, dispuesta a voltear su modelo. Estas coartadas erosionan la credibilidad oficial. Al descalificar las estadísticas y culpar a factores externos, Milei complica cualquier diagnóstico serio, ahuyenta inversores y dinamita la confianza pública en las instituciones. Negar la propia responsabilidad es un clásico de nuestra historia política. Mientras las cifras sigan disputándose en el barro, la prioridad debería pasar por transparentar la información pública en lugar de inventar baches metodológicos o complots oscuros. Sin datos confiables, la discusión política gira en falso y la gente pierde la brújula para entender adónde va la economía.
¿Qué argumentó Milei sobre la metodología estadística?
Aseguró que las reformas de su gobierno dejaron obsoleta la forma de medir la economía, convirtiendo los indicadores oficiales en datos falsos.
¿Cómo se compara la postura de Milei con la de sus predecesores?
Al igual que Menem, De la Rúa y Macri, Milei culpa factores externos y niega la responsabilidad de su modelo, pero además denuncia supuestas fallas metodológicas y conspiraciones.
¿Qué impacto puede tener esta narrativa en la percepción internacional?
Al descalificar los indicadores oficiales, se genera incertidumbre entre inversionistas y organismos internacionales, dificultando la atracción de capitales y la evaluación de la política económica argentina.