Por Redacción ChatArgentina · 23/09/2026
El gobierno de Santa Cruz trasladó ayer una locomotora diésel‑eléctrica desde Córdoba hasta Jaramillo. ¿Habías visto algo así por las rutas patagónicas? Con este operativo arrancó un ambicioso programa para devolverle las vías a un ramal abandonado de más de 280 kilómetros que une Puerto Deseado con Las Heras. El objetivo tiene dos fases bien claras: impulsar el turismo y reactivar la producción agropecuaria del norte santacruciano. Jaramillo apenas tiene medio millar de habitantes y queda a tres kilómetros al este del cruce entre la ruta provincial 281 y la nacional 3. Ese pueblo fue designado como el epicentro del proyecto. Durante décadas, la comunidad sintió el latido del ferrocarril y ahora cruza los dedos para que la obra devuelva dinamismo a la zona. La historia pesa. El ramal se construyó entre 1911 y 1913, funcionó hasta 1978 y supo ser la columna vertebral de la economía lanera. Los trenes cargaban ovejas en jaulas desde los campos locales hasta el frigorífico estival de la Corporación Argentina de Productores en Puerto Deseado. Ya en los años 60, los vagones trasladaron tuberías y caños para abastecer a la industria petrolera que brotaba entre Deseado, Pico Truncado y Las Heras. Justo Héctor González tiene 77 años y pasó su infancia frente a la estación, donde sus padres atendían el Hotel Argentino. “Yo vi pasar el último tren; el jefe de la estación, Héctor Grant, tocó la campana y me dijo ‘Se nos fue el tren’”, rememoró en una charla telefónica. Aquella escena selló el adiós ferroviario que golpeó de lleno a Jaramillo y sus alrededores. Tras el cierre sobrevino el desamparo total durante cinco décadas. Los autos y colectivos reemplazaron al convoy y la producción ovina se fue al piso, un golpe que terminó de redondear la erupción del volcán Hudson en 1991. Pero la meseta no se vació del todo: la costa del río Deseado late con una nueva oleada de actividades. El plan provincial contempla levantar la infraestructura dañada, armar un tramo operativo entre Jaramillo y Fitz Roy y echar a andar un circuito turístico que rescate la memoria del riel. La primera fase ya tiene la vía reparada y la flamante locomotora estacionada, lista para inspecciones técnicas y futuros paseos. González, jubilado de la usina de Servicios Públicos, mantiene la fe intacta. “Va a costar mucho trabajo, fueron 50 años de abandono, pero ya hay un tramo hecho”, afirmó. Para él, esa mole de hierro no es chatarra vieja sino el pulso vital que vuelve a latir. En la vieja estación funciona el Museo de Sitio “Facón Grande”, un espacio que recuerda las huelgas rurales de 1921 y el fusilamiento de José Font. Ese museo y las vías que despiertan refuerzan la identidad de un pago parido al ritmo del trencito. La historia otra vez rueda por el sur.
¿Cuál es el objetivo del proyecto de recuperación del ramal?
Reactivar más de 280 km de vía para impulsar turismo y la producción agropecuaria del norte de Santa Cruz.
¿Qué recuerda Justo Héctor González del último tren que pasó por Jaramillo?
Que el jefe de estación, Héctor Grant, tocó la campana y le dijo ‘Se nos fue el tren’, marcando la despedida del ferrocarril en 1978.
¿Cómo influyó el ferrocarril en la economía de la región?
Transportó lana, ovejas y productos petroleros, conectando los campos con el puerto de Deseado y favoreciendo el comercio y la vida cotidiana de los pueblos.