La asociación se consolidó en la década de 1930, cuando una fuerte tormenta de 1939 coincidió con la aparición reiterada del número 39 en los resultados de la Lotería Nacional. Este hecho, difundido por los vendedores ambulantes, generó la creencia popular de que la lluvia estaba vinculada al número 39.
En la cábala porteña, la lluvia simboliza renovación, fertilidad y la llegada de oportunidades. Al mismo tiempo, se reconoce como un elemento que puede traer dificultades, por lo que el número 39 se interpreta como una señal de posible prosperidad acompañada de la necesidad de prudencia.
Los números 49, 59 y 69 se consideran extensiones de la energía del 39 porque comparten la terminación en 9, que en la cábala representa culminación y plenitud. Se cree que al combinar el 39 con estos secundarios se amplifica la influencia simbólica de la lluvia en el juego.