La expresión surge en los años setenta y se basa en la semejanza visual del número 61 con la forma de una escopeta, donde el 6 representa el cañón y el 1 la empuñadura. Esta analogía facilitó su adopción entre los jugadores de la Lotería de la Ciudad y se transmitió de forma oral en los círculos de juego.
El número 61 simboliza un "disparo certero" que, según la creencia popular, puede capturar la suerte y garantizar el premio. Además, se le atribuye una función protectora, actuando como amuleto contra la mala suerte y reforzando la confianza del jugador.
Los números secundarios 71, 81 y 91 representan una progresión de precisión en la cábala: a medida que aumentan, se considera que la "puntería" del disparo se vuelve más exacta. Se utilizan como refuerzo de la suerte del número principal, ampliando la percepción de que la combinación mejora las probabilidades de ganar.