La expresión surgió en la década de 1970 entre los jugadores de quinielas y loterías de Buenos Aires, cuando comenzaron a asignar sobrenombres a los números más habituales. El número 80 se llamó "bocha" por su resonancia con la palabra lunfarda "boca", que alude a algo grande o abundante.
En la tradición popular, el 80 simboliza la culminación de ciclos, la prosperidad y la concreción de proyectos. Al ser múltiplo de diez, representa la finalización de una década de esfuerzos y se asocia tanto a la obtención de recursos económicos como a la consolidación de relaciones familiares.
La cábala porteña interpreta que el 90 sugiere expansión, el 00 indica ausencia de obstáculos y la posibilidad de un nuevo comienzo, y el 10, como base del sistema decimal, representa el origen de cualquier conteo. Juntos, estos números equilibran el cierre que simboliza la bocha con la apertura de nuevas oportunidades.