El sonido sin freno: la revolución sonora de Ca7riel en la escena actual
Hay una descarga eléctrica permanente cruzando el under porteño, y Catriel Guerreiro logró sintonizar esa frecuencia exacta antes que nadie. Agarrar la viola con la furia del violero de banda de death metal y tirarle unos cortes dignos del mejor rimador de plaza no es para cualquiera. Lo suyo no encaja en las casillas tradicionales de la industria; agarra el rock barrial, le inyecta cumbia villera, le mete funk pesado y te lo devuelve convertido en un pogo furioso donde conviven los pibes del conurbano y la progresía palermitana.
Origen
La génesis musical de Catriel hay que buscarla en los barrios del oeste y sur del Gran Buenos Aires, fogueándose entre salas de ensayo húmedas, olor a pucho y equipos valvulares recalentados. Criado con una dieta rica en guitarras pesadas, el chabón entendió temprano que el formato canción tradicional le quedaba chico. Antes de volverse el nombre de cabecera de la nueva vanguardia, anduvo zapando en proyectos de jazz-rock y bandas de funk crudo como Astor y Los Gedes. Ese paso por la música instrumental le dio una disciplina técnica tremenda que después usó para romper todas las reglas del juego urbano. ¿Acaso alguien vio venir semejante cruza? No apareció de un repollo: es el fruto maduro de una generación que creció consumiendo internet sin complejos, donde escuchar a Pappo y a James Brown en la misma tarde era lo más natural del mundo.
Discos imprescindibles
El momento que define artísticamente a Ca7riel es la salida de El Disko (2021). Si bien su dupla con Paco Amoroso ya venía haciendo ruido con singles hiperkinéticos como "Ouke", este trabajo solista marca el punto de quiebre definitivo. El Disko no es solo un álbum; es una patada en la puerta del trap argentino. Producido junto a nobleza pura de la experimentación, el disco cruza bases electrónicas oscuras, guitarras distorsionadas al mango y letras que oscilan entre el absurdo cotidiano y la autoflagelación existencial. Temas como "POLVO" o "BRILLLLANITOS" muestran a un artista que domina el estudio como si fuera una extensión de su propia guitarra (y vaya si sabe sacarle chispas). No hay fórmulas repetidas: cada track muta, se deforma y te sacude el piso.
Legado
El aporte fundamental de este artista a la música nacional radica en haber dinamitado las fronteras genéricas que tanto encasillaron a los músicos locales durante décadas. Demostró que un pibe puede crecer tocando la viola en una banda de rock pesado y, al mismo tiempo, entender los códigos de la cumbia y el rap sin que suene a pose forzada. Su influencia ya se nota en una nueva camada de músicos que abandonaron el purismo idiota y graban con la misma naturalidad un riff machacado que un beat reggaetonero. Abrió una grieta por donde ahora pasa todo el aire fresco de la música argentina contemporánea.
Curiosidades
Entre camarines y bambalinas de los festivales más grandes del país, se cuentan historias desopilantes sobre su dinámica de trabajo. Una anécdota muy picantes de la escena indie sucedió cuando, en medio de una gira pesada, apareció a tocar en un festival mainstream con un equipo de audio prestado y atado con alambre, logrando mejor sonido que las bandas internacionales que gastaban fortuna en merchandising y backline. Su obsesión por cocinar pastas caseras para todo su equipo antes de subir a escena es un clásico secreto de camarín que pinta de cuerpo entero la mística comunitaria que armó alrededor de su proyecto.





