XXY: la valentía de mirar lo que incomoda a dos décadas
Hay películas que se estrenan para llenar una sala un jueves por la noche y están las otras, las que alteran la conversación pública. Cuando XXY llegó a los cines en 2007 de la mano de Lucía Puenzo, el cine nacional venía de transitar comedias livianas o policiales previsibles. De repente, una ópera prima sobre la intersexualidad irrumpió con una crudeza poética que no pedía permiso. No era un ejercicio académico sobre la diversidad de género, sino una inmersión áspera y luminosa en el despertar sexual de una adolescente en medio de los humedales uruguayos.
Sinopsis sin spoilers
La historia sigue a Alex —interpretada por Inés Efrón—, una joven de quince años aislada en una casa de madera frente al mar junto a sus padres, Kraken (Ricardo Darín) y Suli (Valeria Bertuccelli). Se mudaron ahí para escapar de la mirada prejuiciosa de la ciudad, cargando con una decisión médica que debió tomarse en la infancia. ¿Cómo se vive con eso? La llegada de un matrimonio amigo desde Buenos Aires, con un hijo de su misma edad encarnado por Martín Piroyansky, desata tensiones contenidas. Lo que empieza como una visita social se transforma en una prueba de fuego sobre la identidad, el deseo y la libertad de elegir sobre el propio cuerpo.
Contexto y trastienda
En 2007, hablar de intersexualidad en la pantalla grande rioplatense implicaba pisar un terreno minado de ignorancia. Lejos de cualquier corrección política, la película se armó con presupuesto ajustado y un rodaje bravero en Piriápolis, donde el clima cambiante obligaba a improvisar. El guion original —basado en un cuento de Sergio Bizzio— estuvo encajonado varios años porque ningún productor grande se animaba a financiar una trama donde el cuerpo disidente esquivaba el rol de monstruo de circo. Puenzo levantó el proyecto gracias al respaldo extranjero, demostrando que afuera había más audacia que en las oficinas locales.
Por qué verla hoy
Leída a la distancia de los debates contemporáneos sobre la Ley de Identidad de Género y los feminismos, XXY envejeció con una dignidad notable. Prefiere la incomodidad del silencio, la bruma del delta y las miradas que dicen más que mil parlamentos. Verla hoy en chatargentina.net es comprobar cómo una ficción logró adelantarse a su tiempo sin cancherear, apostando a la potencia de un elenco donde Darín modula su típica furia en una ternura devastadora y Efrón construye un personaje inolvidable.




