La mujer sin cabeza (2008), segunda película de la trilogía salteña de Lucrecia Martel, es un estudio sobre la culpa y la negación en la clase media argentina. Una dentista (María Onetto) atropella algo en la ruta y, en lugar de detenerse, continúa conduciendo disociada. La película sigue su lento retorno a la normalidad con la ayuda de su entorno familiar y social que, implícitamente, la ayuda a olvidar. La película es una poderosa metáfora sobre la sociedad argentina que miró para otro lado durante la dictadura, y sobre cómo las clases privilegiadas borran las evidencias de sus actos. Fue seleccionada para competir en el Festival de Cannes 2008.





