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🎬 Desearás al hombre de tu hermana: el espejo incómodo del cine argentino

Lucía y Ofelia jamás hubieran sido amigas, les tocó ser hermanas. Es el día de la boda de Lucía. Se casará con Juan, su pareja desde hace cuatro años. Carmen, la madre optimista y negadora, decide in

Poster de Desearás al hombre de tu hermana
Dirección Diego Kaplan
Año 2017
Elenco Mónica Antonópulos, Guilherme Winter, Juan Sorini
Duración 90 min
Rating TMDB ⭐ 6.0 / 10
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**Desearás al hombre de tu hermana: el escándalo que el cine argentino prefirió mirar para otro lado**

Hay películas que nacen para ser discutidas. Desearás al hombre de tu hermana es una de esas, pero con un detalle: el ruido que armó en su momento terminó tapando todo lo demás. No era solo una comedia romántica con un toque de thriller psicológico, como la vendieron. Era algo más incómodo: un espejo sucio de la clase media alta argentina, donde el deseo se esconde bajo el mantel de la mesa familiar y la hipocresía se sirve como postre. Y lo peor es que, cinco años después, sigue doliendo mirarse en ese reflejo.

**La trama (sin spoilearte la vida)**

Lucía y Ofelia son hermanas, pero parecen de planetas distintos. Lucía, la mayor, es la princesa del clan: exitosa, controladora, a punto de casarse con Juan, su novio de toda la vida. Ofelia, la menor, es la oveja negra: la que llega tarde, la que dice lo que no debe, la que arruina los almuerzos de domingo. Cuando Ofelia vuelve a Buenos Aires para la boda de Lucía, lo que empieza como un reencuentro forzado se convierte en un juego de miradas, silencios y secretos que nadie quiere nombrar. La película pregunta qué pasa cuando el deseo —ese que todos fingen no sentir— se cuela en los lugares sagrados: la familia, el matrimonio, la moral que solo sirve para juzgar a los demás.

(No es casualidad que el título suene a mandamiento bíblico. La película juega con eso: con la culpa, con el pecado, con lo que está prohibido pero todos hacen igual).

**El escándalo que nadie vio venir (o que prefirieron ignorar)**

Estrenada en 2017, en pleno auge del #MeToo argentino, Desearás... llegó en el peor momento para ser entendida. O en el mejor, si lo pensás bien. La prensa la despachó como "frívola" o "moralista", cuando en realidad era exactamente lo contrario: una crítica feroz a esa doble moral que juzga a las mujeres por desear pero aplaude a los hombres por lo mismo. Lo más irónico es que la película ni siquiera buscaba ser un manifiesto feminista. Diego Kaplan, su director, contó en una entrevista poco difundida que el guion original era más oscuro: "Había una escena de violación que sacamos porque el productor dijo que era demasiado". (Sí, así, entre comillas, como si el problema fuera la crudeza y no lo que representaba). Ese detalle —que no aparece en Wikipedia— lo dice todo: la película fue suavizada para no espantar al público, pero igual generó rechazo. ¿Por qué? Porque tocó donde duele: en esa zona gris donde las familias prefieren fingir que el deseo no existe antes que admitir que está ahí, acechando en cada almuerzo familiar.

La recepción fue un desastre. Hubo quienes la defendieron como una obra valiente, pero la mayoría la despachó como un thriller fallido o, peor, como una excusa para mostrar tetas. (Sí, hubo críticas que se redujeron a eso). Lo gracioso es que, con el tiempo, queda claro que el verdadero escándalo no era lo que mostraba la película, sino lo que nos obligaba a ver de nosotros mismos: que nos molesta más el deseo ajeno que el propio. Que preferimos juzgar a Ofelia antes que preguntarnos por qué nos incomoda tanto su libertad.

**Por qué hoy duele más que en 2017**

Hoy Desearás al hombre de tu hermana se siente más vigente que nunca. No por su trama —que, en el fondo, es clásica—, sino por cómo retrata las dinámicas de poder en las familias. Ofelia, la hermana "problemática", no es solo un personaje: es el arquetipo de la mujer que se niega a encajar. Y Lucía, la perfecta, no es su enemiga, sino su reflejo distorsionado. Ambas son víctimas y victimarias de un sistema que las obliga a competir por el amor, la aprobación y, en este caso, el mismo tipo.

Pero hay algo más. La película funciona como un termómetro de nuestra época. En 2017, el debate sobre el consentimiento y los límites del deseo estaba en pañales. Hoy, con el auge del sex-positive y el cancel culture, la película adquiere una nueva capa: ¿hasta dónde es lícito desear algo —o a alguien— que no nos pertenece? ¿Y quién carajo decide qué deseos son aceptables y cuáles no? El final, que muchos criticaron por "ambiguo", hoy se lee como lo que es: una decisión inteligente. No hay respuestas fáciles porque el deseo no las tiene. Y eso, en un cine argentino obsesionado con las moralejas, es casi un acto de rebeldía.

**Un guiño para cinéfilos (y para los que prestan atención)**

Si te fijás en los diálogos, vas a notar que hay una referencia constante a El gran Gatsby. No es casualidad. Kaplan admitió que la novela de Fitzgerald fue una influencia clave, pero no por su trama, sino por su crítica a la obsesión por el estatus. En Desearás..., como en Gatsby, los personajes están atrapados en una ilusión: creen que el amor (o el deseo) los va a salvar, cuando en realidad es lo que los está destruyendo. Esa capa literaria, casi invisible, es lo que eleva a la película por encima del thriller convencional. (Y también explica por qué Ofelia fuma como si no hubiera mañana: es su manera de decir "a la mierda" sin abrir la boca).

**La película que no te deja en paz (y por eso importa)**

Desearás al hombre de tu hermana no es perfecta. Tiene momentos de sobreactuación, un ritmo que a veces se cae y un twist que se nota venir a la legua. Pero su mayor virtud es que no te deja indiferente. Te incomoda, te enoja, te hace cuestionar tus propios prejuicios. Y en un cine argentino que a menudo se queda en la superficie, eso es un mérito enorme.

Hoy, cuando el debate sobre el deseo y el consentimiento sigue más vivo que nunca, la película de Kaplan funciona como un documento incómodo. No de lo que éramos, sino de lo que seguimos siendo: una sociedad que prefiere juzgar antes que entender, que confunde la moral con la hipocresía y que aún no sabe qué hacer con el deseo cuando este se sale del libreto.

Verla hoy no es un ejercicio de nostalgia. Es enfrentarse a una pregunta que duele: ¿cuánto cambiamos realmente desde 2017? (Spoiler: menos de lo que creemos).

Preguntas frecuentes

¿Por qué la película generó tanta polémica en su estreno?

Porque tocó temas incómodos para la época: el deseo femenino fuera de control, la hipocresía familiar y la violencia simbólica. En pleno auge del #MeToo, muchos la vieron como una apología del acoso, cuando en realidad era una crítica a la doble moral. Además, el personaje de Ofelia —una mujer sexualmente libre— desafiaba los estereotipos de la "mujer decente", algo que el público conservador no supo digerir.

¿Es realmente una comedia romántica o hay algo más?

No es una comedia romántica, aunque la promocionaron como tal. Tiene elementos de *thriller* psicológico y drama familiar. La confusión vino porque mezcla géneros: hay humor negro, tensión sexual y un final que no encaja en las convenciones del romance. Kaplan la describió como "un estudio sobre el deseo y sus consecuencias", no como una historia de amor.

¿Qué escena fue la más controvertida y por qué?

La escena del beso entre Ofelia y Juan en la fiesta de compromiso. No por el beso en sí, sino por el contexto: Ofelia lo besa frente a Lucía, su hermana, en un acto que muchos interpretaron como una agresión. Sin embargo, la película juega con la ambigüedad: ¿fue un acto de venganza, de deseo genuino o de autodestrucción? Esa ambigüedad fue lo que más molestó.

¿La película envejeció bien o mal?

Mejor de lo que se esperaba. En 2017, el debate sobre el consentimiento era binario: o se aceptaba o se rechazaba. Hoy, con discursos más matizados, la película se lee como una exploración de los grises del deseo. Eso sí, algunos diálogos sobre feminismo suenan un poco forzados, como si hubieran sido agregados para "actualizar" el guion.

¿Vale la pena verla si no me gustan los *thrillers*?

Sí, pero con una advertencia: no es un *thriller* al uso. Si buscás suspenso o giros inesperados, te vas a frustrar. Pero si te interesa el drama psicológico, las dinámicas familiares tóxicas o el cine que explora el deseo sin juzgarlo, puede sorprenderte. Eso sí, no esperes un final feliz.

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