Hay películas que no se miden por su recaudación en boletería, sino por el nivel de violencia institucional que sufrieron antes de salir a la luz. Coyote vs. Acme, dirigida por David Green y estrenada en 2026, encaja justo en esa categoría maldita de proyectos que Hollywood quiso mandar al tacho para recortar impuestos. Sobrevivió de milagro gracias a la presión furiosa de sus realizadores y de una platea cinéfila harta de los algoritmos contables de los estudios. ¿De qué se trata? De una comedia judicial desaforada, con un riesgo creativo que hace rato no se veía en un tanque familiar. No es un curro nostálgico más de Warner Bros., sino una victoria cultural contra los dueños de las corporaciones que prefieren borrar el arte antes que asumir una sola moneda de riesgo financiero.
Sinopsis sin spoilers
La trama arranca cuando Wile E. Coyote se cansa de que cada yunque, catapulta y píldora de supervelocidad fabricados por la corporación ACME le exploten en la cara durante su eterna cacería del Correcaminos. Decide cortar por lo sano. Contrata a un abogado humano tan venido a menos como él y le arman una demanda millonaria a la multinacional por negligencia flagrante, fallas de fábrica sistemáticas y daño moral acumulado tras décadas de humillación en el desierto. Del otro lado del estrado aparece el jefe supremo de ACME, interpretado por un John Cena desatado que usa todo el peso corporativo para aplastar al cliente más insistente de la historia animada.
Contexto
El camino al estreno funcionó como una novela negra de oficinas. En noviembre de 2023, con la postproducción ya liquidada, Warner Bros. Discovery anunció que cancelaba el largometraje para embolsarse una deducción impositiva de unos treinta millones de dólares, repitiendo la jugada infame que le aplicaron a la Batgirl de Adil El Arbi y Bilall Fallah. El estudio calculó mal la mecha corta del sector: animadores, técnicos y el equipo de David Green se rebelaron, filtraron pruebas y armaron un escándalo gremial tan gigante que forzó a la compañía a dar marcha atrás de manera insólita para buscarle comprador. Vale la pena recordar que el guion original pasó por las manos de James Gunn, quien ayudó a pulir esa mezcla perfecta de slapstick clásico al estilo Chuck Jones con sátira legal moderna (un tono que rinde homenaje al absurdo de los Looney Tunes sin caer jamás en la imitación berreta).
Por qué verla hoy
En una cartelera repleta de refritos lavados y universos interconectados que ya no le interesan a nadie, Coyote vs. Acme brilla porque rescata el valor del gag físico y la comedia de enredos con actores reales. La dupla entre Will Forte y el despliegue animado funciona con la precisión de un reloj suizo. Verla hoy resulta un acto de resistencia cinéfila: significa respaldar una obra que se negaron a dejar morir en un disco rígido oscuro y comprobar que la comedia absurda todavía tiene colmillo. Dale play o sacá entrada; el Coyote finalmente tuvo su día en la corte y vale la pena estar ahí para presenciarlo.




