Apertura
Hay policiales que el cine argentino prefiere maquillar con música operística y distancia intelectual, y después está la urgencia de mirar de frente la violencia cotidiana que incubamos en las casas de barrio. Esta película importa porque no busca la coartada de la reconstrucción de época complaciente; agarra el horror de la masacre de La Plata y lo desarma desde los silencios, los pasillos asfixiantes y las miradas esquivas. Cuando el cine nacional se anota en hurgar en la psiquis de un femicida múltiple sin caer en el efectismo de la sangre gratuita, el resultado incomoda. ¿Y quién niega que necesitamos incomodarnos?
Sinopsis sin spoilers
La trama sigue los días previos y posteriores al 15 de noviembre de 1992, fecha en la que Ricardo Barreda, un odontólogo de apariencia gris y modales aplomados, ejecutó a escopetazos a su esposa, a sus dos hijas y a su suegra en una casona de la calle 48. La dirección de Daniela Goggi esquiva el morbo del juicio y la carnicería final. Construye un crescendo asfixiante sobre la convivencia tóxica, los rencores acumulados bajo la alfombra y la asfixia de una clase media venida a menos que priorizaba las formas por encima de la salud mental. Luis Machín compone a un Barreda gélido. Lo rodean las presencias abrumadoras de Carla Peterson y Mercedes Morán en un retrato donde la violencia nunca estalla de la nada: se cocina a fuego lento en cada almuerzo dominical (un ritual que ahora da escalofríos).
Contexto y producción
Levantar este proyecto costó bastante. Durante la preproducción, el equipo tropezó con resistencia en los mismos platós platenses donde los vecinos todavía recordaban el olor a naftalina y humedad de la casa original. Tuvieron que reconstruir la atmósfera en estudios cerrados con una dirección de arte obsesionada con el papel tapiz amarillento de los noventa. ¿Te acordás de esos decorados? Bueno, algo así pero tenebroso. A diferencia de los telefilmes noventeros que buscaron hacer un retrato rápido del odontólogo, esta versión —estrenada en 2026 con un sólido 7.187 de promedio en TMDB— se plantó desde el guion para evitar la tentación de convertir al femicida en un antihéroe trágico. Un peligro constante en la prensa gráfica de aquella época que llegó a bautizarlo con cierta ironía cómplice.
Por qué verla hoy
Verla hoy, en pleno debate sobre las violencias machistas y la responsabilidad social frente al entorno familiar, funciona como una autopsia cultural. La película dirigida por Daniela Goggi evita bajar línea y deja que la tensión dramática hable por sola. Nos recuerda que los monstruos rara vez vienen de afuera ni usan antifaz; a veces usan traje, atienden un consultorio en el centro y resultan ser el producto podrido de una sociedad que naturalizó el sometimiento doméstico hasta que sonó el primer escopetazo.




